La del laísmo

*¡Dila que como no venga la doy una torta! O cualquier frase parecida. Es oírla y se me gira la cabeza.

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Dramatización. Puede que no ocurriera.

A todos los que hemos nacido o crecido o reproducido fuera del Reino de Castilla el laísmo nos da risa. O escalofríos, depende del grado de conocimiento lingüístico. Es más, los que habitamos dentro de las fronteras laístas vivimos con miedo de que se nos pegue y acabemos diciendo cosas como *No te me le lleves, *¡A la niña no la grite usted! o incluso *Dámelelola. Vale, esto último quizás no, pero tiempo al tiempo.

En mi cruzada personal contra este fenómeno me he encontrado teorías de los más variopintas. Mi preferida es la de una compañera de trabajo muy madrileña que dice que “Si tiene pene es le, si tiene vagina es la y si no sé lo que tiene o es una cosa es lo“. Un triunfo para la lógica, pero una masacre para la lingüística.

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Te quedas muerta, Chomsky.

Mi primer instinto siempre es dar la explicación en versión extendida: que si la sintaxis, que si lola se usan para el complemento directo y le para el indirecto, que si la acción del verbo… El problema es que a los dos segundos sabes que la otra persona está preguntándose qué ha hecho para merecer esta tortura y está buscando con la mirada la salida más cercana para echar a correr en cuanto me despiste.

Es entonces cuando les cuento mi truco, que no es tal truco, sino la radio edit de la versión extendida: quita a la persona y pon una puerta. ¿Que por qué por una puerta? A eso voy.

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Relax

Pongamos como ejemplo la frase Di a María que venga. Si sustituimos María por un pronombre y seguimos la teoría de mi compañera habría que decir *Dila que venga (Dios nos asista). Si María se metamorfosease en una puerta (cosas más raras se han visto) seguiría conservando la preposición (Di a la puerta que venga), lo que significa que es un complemento indirecto y lo correcto sería usar le y no la ni lo (Dile que venga), ya estemos hablando de María, de la puerta o de nuestro primo del pueblo.

Ahora vamos a sustituir niño por un pronombre en la frase Trae al niño a casa. Siguiendo la aplastante lógica anterior quedaría *Tráele a casa, que tampoco suena tan mal. Pero cambiemos al niño por una puerta (mal negocio éste) y, ¡tachán!, la preposición desaparece (Trae la puerta a casa), por lo que es un complemento directo y habría que usar lola según el género (que no el sexo) de la palabra (Tráela a casa).

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¡Es la magia de la lingüística!

Reconozco que el segundo ejemplo es más difícil de ver porque está bastante aceptado y extendido el uso de le en lugar de lo cuando se trata de un referente masculino, pero a veces hay que ponerse estricto y a mí a dominatrix estricto no me gana nadie.

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